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Generación chanta

Era un día monótono, tan monótono como el olor a pichi en la esquina, el pasar de las micros llenas de pubertos, o el viejo culiao mirando a las liceanas pasar, pero ese día había algo diferente, el olor a pichi era más fuerte y el viejo no estaba. Entre pensamientos weones y una atmósfera de amanecer rojizo; recibí una llamada, era mi madre, señora de las cuatro décadas y un pichintun más, madre de dos parasitos, me dijo: cabralesa se te quedaron las hallullas en la casa, ese día morí de hambre, ahora siento empatía por África.

Vida campestre

Se podía oír a los gallos cantar. El niño se levantó para atender a su animal y le sirvió su alimento preferido, porquería hormonal. A mediodía, lo sacó a pasear, le enseñó la granja vecina, la cual él dijo que pronto sería su hogar. El pequeño sabe que hoy es el día en que tanta dedicación puesta en el puerco, al fin rendirá fruto. Al anochecer el infante se dirigió al corral del cerdo para hacerlo dormir. Por la mañana, el niño se prepara para llevar a rastras al pesado y robusto cerdo hacia la casa de su ansioso y hambriento vecino.

La tentación de las armas

Había una vez un niño estudioso y con honor. Su madre coleccionaba armas peligrosas y su padre era un diablo malvado y sangriento, así que cada momento de su vida era una amenaza y siempre se cuidaba solo, hasta que en un instante él quiso quitarse la vida para olvidar el riesgo. Su espíritu vive y se esconde en personas, y todas las noches deja armas en las casas para que sufran lo mismo que él sintió.