Se
podía oír a los gallos cantar. El niño se levantó para atender a su animal y le
sirvió su alimento preferido, porquería hormonal.
A
mediodía, lo sacó a pasear, le enseñó la granja vecina, la cual él dijo que pronto
sería su hogar.
El
pequeño sabe que hoy es el día en que tanta dedicación puesta en el puerco, al
fin rendirá fruto.
Al
anochecer el infante se dirigió al corral del cerdo para hacerlo dormir.
Por
la mañana, el niño se prepara para llevar a rastras al pesado y robusto cerdo hacia la casa de su ansioso y hambriento vecino.
Paula Elgueta . voto
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