Era invierno, no comprendía nada, era el comienzo de una vida larga. No veía nada, no entendía nada, miraba y callaba. Sorprendido veo una luz, era hermoso, veía una hermosa paloma que se abría y me tomaba, asustado me tiraba, la paloma tiritaba y cuando salgo de la oscuridad veo una luz que me enceguece y comprendí tres simples cosas: ¿quién soy? un niño, ¿dónde estoy? con mamá, ¿qué pasó? nací...
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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