Pasaba todos los días por aquella misma calles y no había día donde no me sintiera observada…
La veía pasar todos los días por fuera de la ventana de mi habitación en un segundo piso de una casa algo vieja, la pintura blanca se desmoronada cada vez mas y eso hacia que se viera siempre algo escalofriante desde afuera… La veía pasar siempre, tan relajada, había notado que cada vez que llegaba bajaba su falda y desarmaba la coleta mal hacha que llevaba todos los días al liceo, me alegraba los días extrañamente, no se por que pero me gusta…
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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