Después de un arduo día,
caminando por el paseo la Torre me dieron ganas de pasar a beber algo por ahí,
y recordé aquel recurrido bar (uno de los pocos que hay en Villa Alemana) el
Zingaro. Vi a ese personaje bien conocido por ahí, ese tal “luchin” te tez
morena que aveces anda con un ruidoso carrito, pero con una sonrisa que podria
alegrarle el día a cualquiera. Lo invite a beber algo el solo pidió una bebida,
yo una cerveza helada solo me dio las gracias, se despidió gentilmente y siguió
su camino sin rumbo por villa alemana.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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