Ella
lo soñaba tendido en su cama, sintiendo
sus latidos, su calor, su olor a piel. Sentía el peso de su mirada, era como si
todavía estuviese ahí, aún podía delirar
observando su sonrisa, lo apreciaba, pero al despertar lo único que pudo
distinguir fue su cuerpo marchito, entumecido, y con la sonrisa desvanecida. Ya
no era él, sino el reflejo de ella, el
reflejo de alguien a quien le habían arrebatado la vida. Porque él, era su vida entera.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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