Esta es la historia de dos viejos amantes,
amantes sin amor, llevan 50 años juntos, la rutina los oprime, pasa el tiempo y
ellos tomados de la mano sentados uno al lado de otro, no
se dicen ni una sola palabra. Llego la hora de dormir, ambos se van a acostar
sin haberse mirado ni hablado, los dos apagan la luz al mismo tiempo, una tenue
buena noche se escucha en la habitación, por parte del viejo solo obtuvo un
silencio, un silencio eterno, mientras la esposa con voz mortecina pronuncia
las palabras: Hasta Que La Muerte Nos Separe.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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