Y estaba
allí, en aquel lugar en el cual yo no debía estar, por aquella apuesta que
debía ganar siendo que tenía todo en contra. Pero ya estaba hecho,no tenía nada
que perder, sin embargo sentía miedo, debía tenerlo, aunque nada me obligara a
estar allí, pero debía pagar aquellas cuentas que me tenían tan agobiado aquel
hombre al que le debo era malo tanto así que no sabía que más hacer, por aquello
ese dinero lo ganaría a toda costa aunque tuviera que matar a quien sea.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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