Un día un hijo fue a visitar a su papá. El niño siempre iba a verlo, pero el padre ni lo pescaba porque se iba a jugar al fútbol.
Aquel día, el niño dijo “papá admítelo que si voy a jugar contigo, seré el mejor de todos”. Al siguiente fin de semana volvió donde el papá y le insistió tanto que el papa le dijo “sí”. Fueron al partido y el niño empezó a jugar, hasta que llegó el momento en el que el hijo ¡¡ lo humillo con un caño!!
Se sintió como la pulga.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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