Un día me empecé a preguntar porqué no me parecía a mis padres, ni familiares. No me perecía ellos ni físicamente ni psicológicamente, pero les preguntaba y preguntaba y no obtenía respuesta alguna.
Hasta que un día mis padres decidieron contarme que era adoptada, pero que no era distinta a mis otros hermanos ya que me querían de igual manera y que era la niña de sus ojos. No me importaban sus palabras así que los maté.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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