Amanda y su abuela María solían pasear todas las tardes. La abuela ya iba en los 94 años de edad, por lo cual estaba vieja y cansada. Una de sus tardes la abuela se sintió tan mal al límite de que las piernas no le daban y temblaban, se sentía muy decaída y pasó lo que nadie quería que pasara. A los meses después, Amanda, en el cementerio solo estaba acompañada de su Madre Lucia y un ramo de rosas rojas que a la Abuela María le encantaban.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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