Ella juró nunca más volver a creer en aquellas palabras que salían
de su boca, y él le prometió jamás volver.
Pero él siempre volvía, y ella siempre caía.
Un día... Ella despertó, y se dio cuenta que estaba encadenada a él, no por
amor, sino por costumbre, condenada a ser herida e infeliz.
Decidida a abandonar la desdichada vida que se vaticinaba, tomó las cadenas
y de un tirón se liberó de aquel que tanto daño le causó. Hoy que es libre, de
vez en cuando, extraña la cárcel donde habitaba su corazón.
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