Las calles oscuras parecían un túnel, y al final un foco apenas
iluminaba la más sombría. Sentí los pasos apresurados de alguien que quería
darme alcance. Un escalofrío recorrió mi espalda y erizó cada uno de mis
pelos, pero no me atreví a mirar y apuré el paso. Al llegaral foco sentí que
estaba a punto de darme alcance y pude volverme para enfrentar la atemorizante
presencia, pero al mirar su ausencia era absoluta y lo único que se oía
era el soplido frío del viento. Todo lo demás había
desaparecido.
La discusión cambio todo, ya no tenía ese brillo en los ojos al mirarme, sus besos eran diferentes, ya no eran dulces, me besaba sin ganas, sus abrazos pasaron de fuertes a débiles y ahí fue que me empecé a preocupar. De tan solo pensarlo me dolía, no era posible que me este pasando esto a mí, estaba perdiendo al amor de mi vida. Un día quise seguirlo, me dijo que se juntaría con un amigo, pero lo vi entrando a una florería, salió con un ramo de rosas. Lo escuche decir “eres el único hombre en mi vida”.
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