Viajamos alrededor de las selvas de cemento
interminables y exasperantes, hemos dudado muchas veces si seguir este camino o
entregarnos a la muerte, pero aun confiamos en que llegaremos a nuestro lugar
deseado, en el que podremos habitar sin miedo a los incontables peligros
derredor.
Los días pasaban como siglos, las horas; infinitas y
sumidas en el caos de una destrucción venidera e inevitable.
Mis pasos retumban en el suelo, que se agrieta,
abriendo entradas a mundos imposibles. La sangre de la culpabilidad cubría mi
pecho, recordándome mis pecados y esperándome, estaba un extraño ser, al que
acudí sin pensarlo.
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