Ella sufría escuchando como lloraba el pequeño, sentía como sus pechos hinchados estaban por explotar, como su marido la golpeaba, marcada, sin poder salir, con miedo en un rincón llorando, mientras que el monstruo golpeaba al indefenso, suplicando que no lo golpee… no se cansaba. Abre sus ojos… todo oscuro… solo ve el sol una vez por semana, tranquilidad, su mente en otro mundo, drogada, calmada… en un lugar sin sangre ni maldad, “una niña buena”, sin recordar los gritos y lágrimas… donde no es culpable de nada. Viéndola, los doctores dijeron que no tiene recuperación…
Comentarios
Publicar un comentario